28 febrero 2014

Saltar barrancos con garantía. Mejora de marzo.


Seguramente que a todos vosotros se os ha atravesado algún hoyo de los campos donde habitualmente jugáis. En mi caso,  es el número 7 de Islantilla.

Es un par 5, sales con un drive y el golpe es bueno. A continuación, si no estas segura de saltar el barranco de unos 85 metros, más la distancia a la que tu te encuentras,  pierdes un golpe de aproximación. La siguiente decisión lógica, es tratar de recuperar la distancia perdida con la madera para darte la oportunidad de approach y putt.

Te colocas para dar el maderazo de tus sueños,  miras a los árboles y te parecen enormes y no ves hueco, entonces la tensión se apodera de ti, golpeas y zas, directamente al barranco y bola perdida.

He decidido que no me vuelva a pasar y por tanto voy a elaborar una estrategia (mental y técnica) para conseguirlo:

1. Sí estoy golpeando perfectamente con la madera,  haré la rutina correspondiente, convertiré en mi mente el barranco en prado verde. Ejecutare el swing con la misma decisión que lo hago en una calle ancha y sin riesgos (éste consejo lo apliqué durante un tiempo en el bunker con buen resultado).

2. A la menor duda con la madera por tener mala posición de pies, no me arriesgaré. Un hierro 6 o un híbrido (equivalente al 4) me ayudará mucho mejor a elevar la bola al ser un golpe vertical y a saltar el barranco con total garantía. 

3. Sí algún día de los que juego, no hay partidas detrás, me quitaré los miedos dando dos o tres bolas, comprobando los metros y el lugar donde el próximo golpe sería más fácil para entrar en green.




Otro ejemplo donde la mente te juega malas pasadas es en el Hoyo 5 del Race, un pequeño arroyo lateral más una entrada a green con árbol central en calle.  Cuantos más peligros ves, más tiendes a mirar y sí lo conocéis, parece mentira que muchas de las bolas terminan en el reguero de no más de 4 o 5 metros de ancho.

A la mente se la engaña, sí en vez de pensar que estas en la partida de tu vida, la manipulas y te la llevas por un momento a tu lugar habitual de entrenamiento,  con los árboles familiares que saltas todos los días.  ¡Ay quién estuviese al bordo del Enterprise con el transportador de partículas!

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