06 octubre 2015

Campo de golf La Monacilla. Agosto 2015.


Tenía gran curiosidad por el campo Onubense con nombre tan singular. Así que me animé a jugar un torneo puntuable y como en los viejos tiempos en los que no conocía a nadie de este mundillo, me fui sola sin saber nada del campo, ni de lo que me iba a encontrar de compañía.

Se desveló pronto el misterio de su nominación al entrar en la urbanización, te topas con un monumento a las monas que te indica que has llegado al destino (foto de portada).

La casa club parece un chalet individual. Sin embargo en el hoyo 19, la gran cristalera y terraza desde el restaurante (foto última) donde se divisa el campo de golf es esplendida e invita a quedarte un buen rato compartiendo lances de la partida.


Un puntazo a favor de la dirección, es poder tirar bolas gratis en una cancha de prácticas, amplia, completa y para albergar a un gran número de jugadores.

También de agradecer el cuidado que otorgan a los participantes en cuanto al avituallamiento, desayuno, pícnic y al finalizar el torneo, ticket para degustar plato combinado a base de embutidos, carne a la brasa con bebida.




El diseño se lo deben a José María Olazábal y los primeros 9 hoyos son divertidos y diferentes entre si. La segunda parte se vuelve más monotona y sin grandes cambios en el recorrido.

El agua entra poco en juego. La dificultad está en las calles estrechas (hoyo 4), te exige ser preciso para evitar golpes perdidos sacando de entre los árboles.




Para mi el hoyo estrella es el 7, par 5 (foto de arriba) con 2 lagos a ambos lados de la calle, cruzadas por un riachuelo. El green se encuentra después de un dogleg a la izquierda y con agua frontal.


Ya, hablando del torneo, me sorprendió la alta participación, así como que la gran mayoría eran chicos y chicas jóvenes con hándicaps muy bajos, como podéis ver en la lista.

Tuve una partida muy agradable y el placer de jugar con uno de los chavales que apuntan alto, admiré su pegada recta y la destreza en los bunkers.  Ese día golpeé los drives más largos en torneo en mi vida golfista y sin embargo, unas maderas rastreras que hacían metros por el suelo. Pero me agarré al campo, cumpliendo mi hándicap con 34 puntos stableford.

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