30 diciembre 2015

Una historia de golf femenino vintage.


Tengo 42 años y me encuentro en La Herrería en 1968, a punto de participar en el anual "Trofeo Santa Marta" organizado y patrocinado por mi familia.  Feliz y contenta de jugar al golf en un País donde todavía es bastante desconocido, exclusivo y para los hombres.

Mi padre es todo un pionero de este deporte. Socio fundador de la Real Sociedad Hípica Club de Campo y miembro del club Puerta de Hierro, donde ha jugado habitualmente ganando torneos a personajes ilustres (nada más que os deis un paseo por la casa club para ver los cuadros de honor de los ganadores, duques y marqueses son los títulos habituales).


El siempre dice que gana los torneos por lo bien que utiliza el putt. De mi madre conservo una bonita foto con los atuendos de principios de siglo.


Sin embargo, a pesar de tener estos antecedentes de expertos y pioneros del golf, me inicié mucho tiempo después.  Me casé, forme una familia y en las vacaciones veraneábamos en El Escorial. Año tras año, con mis hijas y otras familias de amigos, compartíamos diversión y ejercicio.  En 1966 se inaugura el campo de La Herrería y decidimos la pandilla en pleno probar el golf.


Me engancha desde el principio, recibo clases y me lo tomo en serio entrenando. En uno de nuestros viajes a Londrés compramos nuestros primeros palos que veis en las fotos.  En el propio club adquiero unos zapatos especiales, son recios con vuelta de flecos con borlitas y clavos de metal.  Juego siempre con una falda escocesa hecha por mi modista y mis calcetines altos y por supuesto siempre con bolitas detrás.

Después de dar unas clases, me asignan hándicap para poder jugar torneos. A mi 36 por ser mujer, a mi marido 24 (supuestamente porque los hombres son mejores desde el minuto uno).


Los niños dan también clases, pero en el campo marchan en grupos numerosos y sin control. Se terminan aburriendo. A veces, me los encuentro divirtiéndose quitando la carcasa blanca a las pelotas de golf (por dentro son de gomas del pelo muy enrolladas) y botándolas por el campo.

Cuando viene mi padre de visita, sólo juega y enseña a los hombres de la familia. Recuerdo que cuando era niña se llevaba al campo a mis hermanos y a mis primos. Ahora prefiere a mi marido aunque tenga peor hándicap que yo, vaya dando leñazos y se enfade con los malos golpes. Mi marido se lo ha tomado más como un acto social y practica poco. Me duele un poco porque me encanta el deporte y aunque la palabra machista no la utilizaría, me gustaría jugar con mi padre más a menudo.


Mi marido se encapricha del nuevo material de golf que se va inventando. Cada año noto que los palos se van haciendo más ligeros y con menor esfuerzo, las distancias se acortan.

Se ha comprado un putt (marca PING) que dice que lo heredarán sus hijas, no sólo por el precio que ya tiene un gran valor en si mismo, si no porqué es una pieza única y bien equilibrada. Tendríais que escuchar el timbre que desprende al tocarle en su punto dulce.


Ya tengo marcadores (foto de la portada), arreglapiques, libretas para anotar resultados, etc. que me van obsequiando al ganar premios o en el sorteo en los torneos sociales.

Se me olvidaba deciros que se debe de contratar a un caddie para que te lleve la bolsa, por cierto bastante pesada, de cuero y la más bonita que hayáis visto.  Eloy es mi preferido y a veces me llama a casa para reservarse el día.

Tanto en La Herrería como en La RSHCC organizan torneos sociales, y yo me apunto siempre que puedo, pero los que más me gustaban son los sociales de verano de la Herrería. Todos los sábados hay un premio, que los donamos los propios socios, es un día que no nos perdemos ni los mayores ni los pequeños. Nuestros hijos esperaban ansiosos en el hoyo 18 por ver si sus padres ganan algo y hay un ambiente realmente divertido.

Jugamos una modalidad en los torneos que se llama "La Banderita". La modalidad consiste en que los participantes llevan una banderita con el número de golpes que dispone con su hándicap para finalizar el recorrido. A medida que se avanza por el campo, se van consumiendo golpes. Si se queda uno sin golpes, debe plantar la banderita con su nombre. El último que la retenga en su poder, gana el torneo.

Ahora mismo bajo la modalidad de la Banderita estoy apunto de dar el primer drive en mi trofeo preferido, el de Santa Marta. Me anticipo al futuro y pienso "El verdadero trofeo sería haber transmitido a alguna de mis hijas, mi pasión por el golf". ¡SILENCIO QUE EMPIEZA EL TORNEO!

P.D. Esta historia es real y corresponde a Marta Fernández Benjumea (los próximos que cumpla serán los 90), madre de la jugadora de golf María Cervera.


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