19 octubre 2016

Pinceladas por el Algarve hasta el Cabo de San Vicente.


La escapada fue desde Islantilla hasta el pueblo más extremo del sudoeste de Portugal,  Sagrés, aprovechando para visitar lugares de interés turísticos en el Algarve.


La primera parada que está en todas las guías es el pueblo medieval de Silves con un castillo perfectamente conservado.

De ahí a la playa recoleta de Carvoeiro. Con tiempo suficiente, os diría que hagáis el recorrido a pie por las balustradas de madera para ver los acantilados. En algunos puntos, no son aptos para gente con vértigo. Se pueden ver desde los trenecitos que en media hora te dan una vuelta por el entorno, sin paradas. También te ofrecen paseos en barca por las grutas de las rocas en el mar.


Paramos a comer en las calles peatonales de Lagos, paralelas al paseo marítimo repletas de restaurantes. Os recomiendo el Imperio do Mar con sus exquisitas ensaladas de frutas.

De allí nos dirigimos a al alojamiento Mareta Beach en Sagres, muy bien situado. La foto anterior corresponde al atardecer en la playa de la Mareta, un paraíso para los surfistas a escasos metros del hotel.

Con sólo un paseo nos dimos cuenta del poco turismo que ahí en Sagres. Al lado del hotel un italiano (D'Italia) y justo debajo uno Caffe Expresso. También probamos en la calle principal Pau de Pita (para picoteo de cenas) y para pescado de lonja, Armazém.


Decidimos dejar la puesta del sol desde el cabo de San Vicente para el día siguiente, para poder disfrutarla más descansados. Por la mañana temprano caminando fuimos a la Fortaleza de Sagres. La pequeña fachada engaña la dimensión interior del recinto. Calcular al menos una hora para visitarla recreándose con las vistas y los paneles explicativos de la flora y de la fauna. No os perdáis el laberinto y la sorpresa que alberga en el centro del mismo.



Desde la Fortaleza se divisaba la Fortaleza de Beliche y la niebla que a lo lejos se iba acercando. Temiendo que nos estropeara las preciosas vistas en el Cabo de San Vicente, no lo demoramos más y decidimos acercarnos rápidamente.

Una palabra para definirla, IMPRESIONANTE. Uno de los paisajes más bonitos que he visto hasta ahora. Pasear por las rocas a ambos lado del Faro y de Beliche. Disfrutamos de la orografía de la costa, de las calas que se forman en su interior y hasta de los pescadores locales que atentan contra la gravedad. Todo un espectáculo de la naturaleza.

Sólo una cosa importante, hay que llevarse ropa de abrigo y más si vais al atardecer.


Por la tarde nos acercamos al puerto y a Pousada de Sagres. También es una excelente opción para alojarse, con magníficas visas desde la piscina y muy tranquilo.

Por la tarde-noche la niebla se hizo más espesa y nos perdimos la puesta de sol. A la mañana siguiente marchamos de Sagres con un tiempo desapacible, llovizna y frio. Ahí estaba la explicación de porqué no es un lugar típico de veraneo y tiene los servicios justos para el turismo.


De regreso al hogar, paramos en Olhao.  Desde el puerto salen los ferrys a la islas de la Ría de Formosa. Elegimos la de Armona. Cuando llego al pequeño puerto, el gentío con maletas con ruedas, enseres de playa etc, tomaba una dirección y nosotros le seguimos sin saber donde terminaríamos.

Después de andar más de un kilómetro por el interior de casas bajas medio prefabricadas, apareció la maravilla de la foto de arriba, una playa paradisíaca. La arena blanca, el agua transparente, bancadas de peces y las aves pescando a tu alrededor.

En fin, creo que nos vamos a acostumbrar a las escapadas al Algarve e ir descubriendo estos pequeños paraísos.


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