23 diciembre 2010

Los Miserables, el musical, por excelencia.



Tengo que agradecer a mi amigo Bilbaíno (poco entusiasta y bastante crítico), el haber visto el mejor musical de mi vida. Me contó que lo había visto hace unos años en Madrid y que le produjo una emoción tan intensa que terminó llorando.

Cuando acudimos a un espectáculo tan importante, no me importa esperar un poco más y conseguir una buena localidad. Desde la fila 2, no nos perdimos ningún detalle.

Me imaginaba una puesta en escena oscura, triste y muy lúgubre para denunciar la pobreza y las injusticias. Sin embargo, en las escenas de amor y cómicas, casi parecía Walt Disney.

Muy bien interpretada, muy ágil y lo que más me ha gustado, la música al servicio del texto. Las voces de los actores, claras, hablaban cantando acompañadas por una orquesta maravillosamente dirigida, engrandeciendo el texto de Victor Hugo.

Se nota que sigo entusiasmada y no paro de recomendarla. Así que ya sabéis, Los Miserables, la leyenda bien merecida de los musicales.

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